Trabajadores temen ser despedidos “por siquiera hablar con un representante sindical"

7. März 2011: El empleado entrevistado es un representante del servicio técnico en un importante centro de atención al cliente de T-Mobile.

Durante los años que lleva trabajando para T-Mobile este trabajador ha visto que la presión va de mal en peor en su centro de atención al cliente. La formación “siempre ha sido pésima”, pero es que recientemente se le han asignado nuevas tareas sin proporcionarle ningún tipo de orientación. Los recursos para responder a las cuestiones técnicas de los clientes son tan limitados que muchas veces se encuentra “buscando desesperadamente en Google” para encontrar ayuda. Los jefes se deshicieron incluso de unos teléfonos de muestra que soporte técnico utilizaba antes para guiar a las personas que llamaban a través de los menús de los mismos.

“Se pensaban que nos hacían perder tiempo en las llamadas, porque estábamos ayudando realmente a los clientes”, dice. Si esto suena irónico hay que pensar que cada minuto del día de un representante es evaluado y juzgado conforme a unas reglas que cambian con frecuencia. Dice que los trabajadores están bajo la constante amenaza de ser despedidos, y “no es raro ver en seis meses a dos o tres empleados, de un grupo de 12, despedidos”.

Eso sin tener en cuenta a los que sencillamente no pueden con el estrés y abandonan. “Con el tiempo los clientes dejan de afectarte”, comenta. “Te acostumbras. Es la naturaleza del trabajo. Lo que sí que es un problema es la dirección y sus expectativas.”

Una de estas expectativas es que no se te vaya a ocurrir decir nada bueno de un sindicato ni que te pillen hablando con algún organizador sindical. En cambio criticar a los sindicatos está bien. Él ha escuchado algunos comentarios en voz alta por parte de trabajadores a los que, según dice, “se les tiene permitido hablar mal de los sindicatos en horas de trabajo. Pero si yo abro la boca y digo algo positivo sobre el sindicato de telecomunicaciones CWA o sobre sindicalización, podrían despedirme.”

Y esa amenaza le sigue hasta casa. Describe la política sumamente restrictiva de T-Mobile que prohíbe los comentarios públicos sobre la empresa. Incluso hacer un comentario anónimo en alguna red social podría meter al autor en problemas si se le llegara a localizar. Pero dice que hay un área donde la empresa no hace ningún esfuerzo por investigar: los posts antisindicales.

“Si me pusiera a hablar bien de la sindicalización no duraría ni cinco minutos. Me pondrían de patitas en la calle, tanto si lo hiciera por internet, en el trabajo, durante el almuerzo o más tarde”, afirma.
La dirección tiene su propia forma de atacar a los sindicatos, por ejemplo mediante reuniones donde los trabajadores están obligados a escuchar a los jefes que les explican por qué los sindicatos son malos. Al describir una de estas reuniones coordinada por un alto directivo, el empleado cuenta:

“Básicamente dijo que el sindicato no era más que un negocio, que estaban intentando sacarnos el dinero, y que si nos afiliábamos a un sindicato, que si sindicalizábamos el centro de atención al cliente, nos íbamos a quedar sin los divertidos incentivos que teníamos por aquel entonces pero que ya no tenemos. Añadió que T-Mobile podía llevarse el negocio a otra parte, que podían sencillamente trasladar el centro de atención telefónica o reubicar los empleos que teníamos al extranjero. Era una amenaza.”